martes, 14 de mayo de 2013

Prueba Daihatsu YRV (2001)

La siguiente es una prueba publicada en la vigésimo séptima edición de la revista Car&Driver para Colombia y Venezuela, en esta ocasión se probaba a un pequeño auto bastante novedoso y curioso de una marca que suele tenernos acostumbrados a carros de este estilo, el Daihatsu YRV era un pequeño MPV pero por sus dimensiones parecía más un pequeño hatchback. Hoy en día es difícil verlo por ahí en las calles de nuestro país pero como muchos carros japoneses los que andan por ahí lo hacen sin quejarse a pesar de tener ya más de una década encima y probablemente más de 100.000 kms encima también.




Como en la mayoría de los tests publicados en esta revista, la redacción suele comenzar dando un contexto histórico del vehículo en cuestión, en este caso se relaciona al YRV con otros productos japoneses similares como el Nissan Cube o el Mazda Demio de gran demanda en el mercado japonés por la cantidad de soluciones que ofrecían en su espacio interior manteniendo unas dimensiones exteriores reducidas; mientras que en el mercado colombiano no tenía rival directo siendo el Chevrolet Wagon R y el Hyundai Atos más pequeños y la Renault Scénic más grande.





Precisamente una de las claves para la maximización del espacio interior de este pequeño vehículo era hacerlo alto y por dentro poner unos asientos que van más cercanos al suelo de lo normal de manera que el espacio en altura o para la cabeza era excepcional, además el espacio para las piernas de quienes iban sentados atrás no era despreciable tampoco, todo esto daba para que al entrar al habitáculo diera la impresión de ir en un auto mucho más grande. En cuanto al baúl, este no era muy amplio pero la banca trasera era abatible o reclinable en múltiples posiciones por lo que se podía modular según lo que se estuviese cargando.


En el apartado motriz el motor impresionaba, no era un avión pero para ser de tan sólo 1300cc las aceleraciones y la elasticidad eran excelentes, incluso la revista mencionaba que era posible llegar a casi 180 km/h a la altura de Bogotá. Si se apuraba el motor subía hasta 7000 rpm pero sorprendentemente este ya tenía buen empuje desde las 2000 rpm, en los tres primeros cambios enfrentarse a ascensos no era difícil pero había una brecha entre tercera y cuarta por lo que se perdía progresividad, esto era así porque las relaciones de la cuarta y quinta eran largas e incluso en cuarta se conseguía la velocidad máxima y la quinta era exclusivamente una sobremarcha que se encargaba de que el motor fuera relajado a velocidades superiores a los 100 km/h de manera que el consumo se protegía aunque la parte negativa estaba en que en alturas cercanas al nivel del mar había que usar gasolina extra.




En cuanto a los materiales del interior no había ningún reproche, los plásticos usados daban la impresión de ser durables y la disposición de los mandos era ergonómica, sin embargo se notó la guantera muy ruidosa en marcha durante la prueba. Por otro lado el ruido tampoco era mayor problema, el motor no era ruidoso y ofrecía buena insonorización y el ruido aerodinámico estaba por debajo de lo normal más que todo por el inteligente diseño de la carrocería.



La longitud de menos de cuatro metros y el radio de giro de apenas 4,4 le conferían al YRV una gran agilidad en la ciudad, ya en caminos sinuosos la suspensión estaba calibrada para contener los bamboleos de la carrocería sin dejar de lado la suavidad y la comodidad en marcha, sin embargo al exigirle en curvas el YRV mostraba un cierto subviraje que pese a ser normal en los autos de tracción delantera según el texto de la prueba se hubiera podido minimizar si al tren trasero se le hubiera dado una barra estabilizadora.

A continuación siguen los datos técnicos y las valoraciones dadas por el equipo de Car&Driver:


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